-Entonces has venido a decime que hay otro ¿es eso, verdad? No, no hace falta que respondas, lo sé..hace tiempo que no me encuentro en tus poemas y te conozco como para saber que no eres nada que no escribas y nada es tuyo si no lo escribes, te vas eh..¿estás enamorada? Ya, ya, si la verdad es que lo sé, te lo veo en la sonrisa, y te has cambiado los pendientes..vaya. Supongo que debí esperarlo, eres libre, es algo que entendí la primera vez que respiraste cerca de mí. No quería enamorarme ¿sabes? Pero entonces me miraste y bueno..pero tú le quieres ¿y él, lo sabe? No, prefiero no saberlo. Pero te querrá, es imposible no quererte. Y te prometerá mil cosas y tú a él, y las cumpliréis. A mí nunca me prometiste nada, aunque claro, nunca te enamoraste de mí, y lo comprendo..apenas toco la guitarra, canto fatal, no es demasiado para ofrecer. No, no te lo recrimino. Quiero que seas feliz, pero yo sí te prometí ¿recuerdas? Joder, qué voy a hacer con eso. Intentar olvidarte será como borrarme un poco cada día, me va a sobrar cama, me faltarán ganas..no sé. Inténtalo. Vive, envíame una postal cuando se te enfríe el café, recuérdame por favor, sólo un poco ¿es demasiado pedir? ¿y un último beso? No. Sé que no, no es otro más..no lo harás, por él. Está bien, vete. El resto de tu vida te espera, tengo que reconstruir la mía..
Todo eso había pensado decirle. Hacía demasiado tiempo que lo sabía y ella había grabado 'tenemos que hablar' en su buzón. Al principio, pensó que iba a romperse en mil pedazos, luego recordó todas las señales.
No podía decir que no lo había advertido. Ella era así, él sólo tenía que entenderla y casi estar agradecido por el tiempo que habían pasado juntos.
Decidió que debía despedirse, intentar parecer entero, ella no se merecía que la hiciera sentir mal. Pero llegó el momento y cuando la tuvo delante no fue capaz..
-Me voy, he venido a decirte que me voy -fue su escueta forma de acabar con todo.
-Adiós, que te vaya bien -pudo articular él con más esfuerzo del que esperaba necesitar.
Y allí, en un ni mirarse, quedó todo.
La tosca manera que él había tenido de entender que empezara a hablar de amor en sus poemas, el sentirse traicionado y alejarse.
Allí quedó, en la basura, la estupidez de ella al huir antes de reconocerle que estaba loca por él.
Eran dos imbéciles jodidamente enamorados que prefierieron no entenderse por miedo a..tal vez, si se hubieran mirado.
sábado, 13 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
C'est la...
Está bien que aparezcas,
con los labios tan rojos -casi sangre- de sus mordidas,
y con esa sonrisa que se te pone - de oreja a oreja-
cada vez que te besa.
Está bien que me digas:
la vida rima -al menos una vez al día- y te crea,
y que con ese pasotismo que llevas - de la vida es mía-
piense : ella es filosofía.
Está bien que bebas,
un malibú redbull -o más de uno- cada fin de semana,
y te emborraches y digas te quiero - a todo el que pase-
sin consecuencias.
Está bien saber
qué vas a hacer -para estar preparado- siempre,
y qué pasará luego, si es amor -o solo un juego-
esta vez, está bien.
Indudablemente bien, dijo mi espejo
jueves, 17 de enero de 2013
El crack del 27.
Los espacios son vacíos,
las palabras, huecos,
quién no ha dicho 'nunca más'
deseando un 'para siempre'
cómo no vas a doler
cómo olvidar las mentiras.
las palabras, huecos,
quién no ha dicho 'nunca más'
deseando un 'para siempre'
cómo no vas a doler
cómo olvidar las mentiras.
Y nos hemos quedado en agua de borrajas,
en pis de gato,
en más decir que hacer,
¿entiendes?
desde que nos estamos dejando,
hemos llegado al final.
en pis de gato,
en más decir que hacer,
¿entiendes?
desde que nos estamos dejando,
hemos llegado al final.
Punto sin coma,
sin dos más, dijo Sabina,
punto y adiós,
adiós, adiós y punto.
sin dos más, dijo Sabina,
punto y adiós,
adiós, adiós y punto.
28-12-12.
Publicado por
Ceci Domínguez
a las
9:19:00
Etiquetas:
C'est la vie.
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jueves, 27 de diciembre de 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
A o B.
Levanto mi persiana y la luna se encuentra en su punto más alto.
Parece que llevo una eternidad sin ti, pero sólo han pasado 10 minutos de nuestra despedida.
Yo y un folio, nada más en esta habitación que me sirve de trinchera para no ver la realidad.
Pero llegados a este punto, me pregunto: ¿qué es real y qué no?
Pensaba que mi cabeza estaba destinada a mirar por mi lado y nada más,
pero me he dado cuenta de que no; mis ojos han visto algo que no esperaban,
una sonrisa que sería capaz de llevar al delirio a miles de personas y yo fui víctima de ella.
Sí, estoy enamorado.
Hoy pongo mis sentimientos en este papel que me ayuda a liberar mis pensamientos.
Del pasado lo único bueno que recuerdo es el momento en que la conocí y del futuro...
Que más da el futuro cuando nos queda un gran presente por delante,
un presente de abrazos, esos y derivados;
es nuestro momento.
¿Distancia? Relativa,
porque nos separan en cuerpo pero todo lo que siento por ti espero que te llegue por una hoja,
si en una hoja, elevada por los vientos Alisios hasta tu solitaria ventana y poder ver tu sonrisa.
No he conocido muerte más dulce, morir de amor.
La rabia apretada entre los dientes, joder me va a estallar la cabeza,
aligero el paso, otra vuelta al reloj: 'jodidamente tarde, por no variar'
como si importara cuando nadie te espera, me digo...
tarde para qué, tarde para quién.
Cierro las puños y me clavo las uñas sin intención,
-sigue caminando, no lo pienses, sigue caminando-
y ahí está, otro idiota que sonríe sin motivos,
'no soy simpática, joder' quiero gritarle,
voy que no me calienta ni el sol.
Tal vez si cierro los ojos, si respiro,
mejor ajustar los cascos, subir la música,
antes romperme los tímpanos que escucharme,
no quiero volver a oír un 'ojalá',
ni pensar en un 'quizás'
duele confiar...cállate, imbécil.
El 'tarde para quién' convulsiona,
partió el pecho en callando...
huele a roto, recuerdo,
y me da por reír,
histéricamente, de esa forma estúpida,
de darte cuenta de lo idiota que has sido.
Y te fumas el buen rollo mañanero,
sube el día y bajan tus ganas de seguir,
pero pones cara de pócker:
que no se note que has llorado.
Aún recuerdo cuando éramos niños,
libres y felices en la ignorancia,
a lo que hemos llegado...
Voy a liarme los poemas que te he escrito,
sobredosis de tinta...
la última puñalada la da el odio,
no he conocido muerte más fría,
morir de decepción.
Pero puedes elegir, dicen...es cuestión de perspectiva,
vivir o morir, reír o llorar, gritar o callar...A o B.
Son tus decisiones las que marcan el camino,
di ¿dónde quieres estar?
-Primera parte de Pablo Hernández (http://luzalfiinaldeltunel.blogspot.com.es/), amigo, feliz y gran persona, de esos de abrazos cuando los necesitas y mil risas por segundo. Y después de dos años, aquí está: gracias, un placer.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Madrugadas sin ti.
No me voy a callar.
Ni a pregonar ‘sigue mi ritmo’ como ultimátum,
No voy a perseguir al tiempo
Si he aprendido a disfrutarlo
Vivir a contrarreloj pierde el punto cuando es sintigo.
Canto muy mal, bailo peor, y digo palabrotas,
Soy más imperfecta que el ‘imp’
Y no es la precisión mi fuerte.
No me hago entender ni me dejo
Pero si me haces reír joder
No voy a callarme
Aunque no nos conocemos.
No tenemos ni puta idea de mí, ni zorra de ti.
Y por descubrirnos vamos a contracorriente, buscando el
límite,
Con ganas de poder aguantaros y miedo al fracaso,
A un paso del desborde,
Te reto a aguantar más siguiendo aquí,
Me retas a irme, indiferente.
Y, otras veces, como que despiertas,
Como que te niegas a que me vaya
Aunque no digas claro el stop…
Porque me he ido, sabes,
Me he ido tantas veces
Que el camino de vuelta se hace a mis huellas
y me desafía burlón
a que le reconozca que pierdo la vida
por un beso que no me pertenece,
ironiza mis desgracias,
se disfraza de acogedor
y dice: adelante, vuelve, todos lo sabíamos…
me he ido, y me pierdo un poco cuando retorno
PER TE.
Mas compensa respirar tu viento,
Vivir tus miedos
Y escaparme en los resquicios de tus ruinas
A ver si consigo salvarte –suelo soñar
Ojalá me salves, sigo perdida.
Ya no apuesto nada, hice all in a tu mirada, y lo mantengo.
Anuncio.
Apadrine un poeta.
No son pocas las veces que he pensado en eso de mantener un alma libre. Llegar a casa y que alguien me diga eso de la infinidad de mis piernas, de la profundidad de mis ojos...que esté ausente pero escriba. Exprimirle mis sonrisas, que le dé sentido a la vida. Apadrine un poeta. Qué carajo…no se puede adoctrinar al buen poeta. Vuelve a casa cuando le place, tan borracho como apetece y escribe si la copa llevaba musa. Y entonces, casi siempre he pensado que no se puede mantener a un poeta, que hay que putearle.
Se busca poeta, alma libre, que no quiera que le encuentren, remuneración de mierda, un poeta que las pase tan putas para vivir que tenga en qué cagarse al llegar a fin de mes y lo escriba, se busca bohemio desengañado y roto, que siga creyendo en el amor. Se busca romántico, trasnochado, borracho, se busca. Y a quien lo encuentre…que no lo deje ir.
Apadrinar a un poeta…debería consistir en proporcionarle un poco de alcohol cada día, y buen sexo semanal. O en no ofrecerle nada y dárselo todo en un juego sin reglas.
sábado, 13 de octubre de 2012
Beautiful liar.
Yo también he perdido el culo por una sonrisa peligrosa,
he cerrados los ojos y he pensado 'vaya mierda, sin ti'
te usé para describir a mi hombre ideal,
-qué coño- y ni me di cuenta...
yo también te he escrito con rabia y sin amor propio.
Me has jodido (pero no lo admito), vamos.
Pero se supera -ya no te hablo a ti, sino a ellas.
Te levantas un día y comprendes que no va a cambiar,
que su forma de agachar la cabeza y subir la mirada,
sus andares de pato y sus mil maneras de besar-te
no son nada del otro mundo, aunque te parezcan irresistibles.
Comprendes que no le vas a olvidar,
¿que has dado demasiado?
No, que te has traicionado en demasía.
Lo único que superas es la úlcera, sólo recuperas los nervios y lo demás...que sirva para aprender.
he cerrados los ojos y he pensado 'vaya mierda, sin ti'
te usé para describir a mi hombre ideal,
-qué coño- y ni me di cuenta...
yo también te he escrito con rabia y sin amor propio.
Me has jodido (pero no lo admito), vamos.
Pero se supera -ya no te hablo a ti, sino a ellas.
Te levantas un día y comprendes que no va a cambiar,
que su forma de agachar la cabeza y subir la mirada,
sus andares de pato y sus mil maneras de besar-te
no son nada del otro mundo, aunque te parezcan irresistibles.
Comprendes que no le vas a olvidar,
¿que has dado demasiado?
No, que te has traicionado en demasía.
Lo único que superas es la úlcera, sólo recuperas los nervios y lo demás...que sirva para aprender.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Equilátero.
He vuelto al boli y papel,
a los domingos sin ti,
a sonreírte sin verte,
y lo que es peor,
a llevar la lengua azul aún sin haberte bebido.
He vuelto a perderme
-por tercera vez-
y a decir PASO DE VOLVER
pero caer.
He vuelto a mirarte y no conocerte,
a reírme de tus chistes por pura inercia:
a escribirte a ti, diciéndome a mí
que le escribía a él -yunamierda.
Pero he aprendido.
He aprendido que pueden dolerme las caderas
aunque no estés,
que no todos los morados llevan tu nombre,
que, el papel, se moja
y que todo se va al carajo.
He aprendido a tener miedo
si se apagan las farolas antes de llegar a casa
y que de las tres veces que te equivoqué...ninguna existías.
Has sido uno, el otro u otro más:
primero sexo,
luego cariño
o tal vez ese que tiene un no sé qué que qué sé yo...
pero no eras tú.
He aprendido que a quien hice,
a quien echo de menos,
no existe.
-y que sus partes no son tan importantes.
Pero, aún así, les escribo a a las seis de la mañana,
más ebria que cuerda y sin desmaquillar.
a los domingos sin ti,
a sonreírte sin verte,
y lo que es peor,
a llevar la lengua azul aún sin haberte bebido.
He vuelto a perderme
-por tercera vez-
y a decir PASO DE VOLVER
pero caer.
He vuelto a mirarte y no conocerte,
a reírme de tus chistes por pura inercia:
a escribirte a ti, diciéndome a mí
que le escribía a él -yunamierda.
Pero he aprendido.
He aprendido que pueden dolerme las caderas
aunque no estés,
que no todos los morados llevan tu nombre,
que, el papel, se moja
y que todo se va al carajo.
He aprendido a tener miedo
si se apagan las farolas antes de llegar a casa
y que de las tres veces que te equivoqué...ninguna existías.
Has sido uno, el otro u otro más:
primero sexo,
luego cariño
o tal vez ese que tiene un no sé qué que qué sé yo...
pero no eras tú.
He aprendido que a quien hice,
a quien echo de menos,
no existe.
-y que sus partes no son tan importantes.
Pero, aún así, les escribo a a las seis de la mañana,
más ebria que cuerda y sin desmaquillar.
domingo, 26 de agosto de 2012
Simpleplan.
Guardo algo para ti en una bolsita roja, pero sólo te lo daré cuando me vaya. Funciona así:
-Sonrío. Digo 'no lo abras hasta que llegues a casa, dentro de cuatro años me lo devuelves'. No aguantas y en cuanto me doy la vuelta miras qué hay. Puede que te sorprenda, en el mejor de los casos quizá hasta te acuerdes de la primera vez que lo viste. Mierda, no te quiero dar pistas. Me voy. A veces, sin querer, tropiezas con la jodida bolsita roja por tu cuarto. Me recordarás, me odiarás un poco. Mirarás a la de turno y dirás 'no es ella'. Antes del fin de un chasquido de dedos, estaré de vuelta. Cuando te des cuenta ya no lo tendrás (mas me tendrás) y estaremos en medio de la nada, a donde vamos 'cuando estemos juntos'.
O al menos, esa es la idea...
Por ahora, la llevo en el bolso, con una mezcla de 'quizá no lo recuerde' y 'me va a recordar por cojones'.
No tengo miedo a nada, aunque no me creas.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Per te
Hace tiempo que voy a deshora, corro en contra del reloj.
-Joder, que se pare-
Demasiado tarde descubrí que no hay freno que ponerle.
-Pero que se pare, joder-
Soy totalmente incapaz de aceptarlo,
a veces pienso que si dijera lo que pienso
me mirarías como a una loca, dirías:
¡eh, échale freno! y te reirías.
Entonces callo, mato a mis demonios con un 'es lo que hay' y me maquillo de indiferencia.
Sin embargo, hay un milisegundo por latido en el que creo que el mundo -llamemos mundo a lo nuestro- tiene solución, un stop del riego sanguíneo a mi lógica que hace que con esperanza infundada piense:
¡TODO ES POSIBLE SI HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ!
Pero mando a la mierda con billete sólo ida a mi sinrazón, ¿es que acaso no he sido siempre demasiado fría?
No puedo pedirle a mis manos que detengan la rotación, ni la traslación...es lo que hay -me digo.
Y de nunca para ahora es que me empieza a importar lo que pasa a mi alrededor. Siempre tan oportuna.
Me digo que seré capaz -per te- de lo imposible, totalmente impasible...
y, aunque duela: mentira.
-Joder, que se pare-
Demasiado tarde descubrí que no hay freno que ponerle.
-Pero que se pare, joder-
Soy totalmente incapaz de aceptarlo,
a veces pienso que si dijera lo que pienso
me mirarías como a una loca, dirías:
¡eh, échale freno! y te reirías.
Entonces callo, mato a mis demonios con un 'es lo que hay' y me maquillo de indiferencia.
Sin embargo, hay un milisegundo por latido en el que creo que el mundo -llamemos mundo a lo nuestro- tiene solución, un stop del riego sanguíneo a mi lógica que hace que con esperanza infundada piense:
¡TODO ES POSIBLE SI HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ!
Pero mando a la mierda con billete sólo ida a mi sinrazón, ¿es que acaso no he sido siempre demasiado fría?
No puedo pedirle a mis manos que detengan la rotación, ni la traslación...es lo que hay -me digo.
Y de nunca para ahora es que me empieza a importar lo que pasa a mi alrededor. Siempre tan oportuna.
Me digo que seré capaz -per te- de lo imposible, totalmente impasible...
y, aunque duela: mentira.
lunes, 6 de agosto de 2012
4uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
No me he ido -digo por si alguien me echa de menos.
Es que, chiquitos, entre el papeleo de la universidad que es un agobio (¿os he dicho que ya soy universitaria? ¡Cómo molo eh!) y el verano que me hipnotiza ... pues me he desvinculado de mi cibervida
PERO VOLVERÉ PRONTO (y más fueeeeeeeeeeeeeeeeeeerte que nunca)
Kisses little people <3
Es que, chiquitos, entre el papeleo de la universidad que es un agobio (¿os he dicho que ya soy universitaria? ¡Cómo molo eh!) y el verano que me hipnotiza ... pues me he desvinculado de mi cibervida
PERO VOLVERÉ PRONTO (y más fueeeeeeeeeeeeeeeeeeerte que nunca)
Kisses little people <3
jueves, 26 de julio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
POETAS DE CUERO
-Seguro que habéis oído hablar de esos bares donde van los poetas, dicen que ahí habitan las musas. Suelen estar escondidos en alguna ciudad con carisma, de esas que presumen de culturales. A veces, son restauraciones de algún cuchitril antiguo, otras, se jactan de haber sido la casa de no sé cuál intelectual. Apuesto a que habéis estado en alguno. Locales agradables recubiertos de madera, con fotos de los artistas que hayan pasado por allí colgadas en marcos dispares. Retratos que son sólo muestra del hipócrita amor por las letras de un dueño borrego y simpático que conoce por su nombre a todo el que cruza la puerta.
A primera vista, parece un bonito y acogedor pub de pueblo, pero después de las 11, justo cuando empiezan a servir alcohol, se transforma en un punto de encuentro, un hervidero de bohemios. Se juntan, por ejemplo, el segundo martes de cada mes, y charlan banalidades que consideran casi profundas, hasta bien entrada la noche o hasta bien entrada la botella. El resto de los días, se sientan en mesas apartadas con sus libretitas forradas en cuero y algún algo, que no tiene por qué ser tabaco, encendido. Mientras, al que les pregunta, le dicen “Mis mejores versos los escribí en este café” y aseguran que no entienden cómo ni por qué pero que allí está la inspiración, entre humo y a media luz.
Mis mejores versos los escribí en este café…y eso de la inspiración.
Juro por la sacratísima poesía que no les entiendo. Hablan de las musas como prostituyéndolas y ellas hasta están orgullosas.
Van como dioses de la retórica con sus frases para el recuerdo que, algunas otras divinidades sentadas en la misma mesa muchos años después, escribirán en sus biografías post mortem. Y luego está esto, la costumbre del micro abierto: te dejan subir a una pequeña tarima al fondo del local, para que leas lo que tú escribes. Cómo pueden ser tan cínicos.
No sé si os lo he dicho, pero odio a los poetas de bar, a los buenos poetas. Esos que, sin quererlo, ponen en evidencia al mediocre con sus versos de agenda.
Sí, nada de bonitas libretas con forros artísticos. Es en mi agenda dónde están las claves de la mediocridad. Allí escribí anodinos versos de esos que se quedaron en un par de palabras sueltas y perdidas por no encontrar buenos compañeros, no sé si me explico. Quiero decir que a veces escribí cosas como “Hoy es un día de esos, de remendar el alma con jirones de otras vidas, / de no saber quién eres: día de rasgar la capa y hacer el sayo” o “Soy de esa gente alegremente obstinada, y olvidada –sin remedio- en la rutina: me levanto, voy, vengo y me acuesto; nada más”, hasta llegué a decir: “Y yo que no sé escribir poesía, / a la poesía le escribo” justificándome con eso del verso libre, cuando en realidad, todo lo que quería era ser un puñetero poeta de bar, un poeta borracho. Un poeta perdido entre las líneas de su propio arte cualquier viernes a las tres de la mañana, o, simplemente, poder ondear como bandera la bohemia.
¿Sabéis lo que os digo no? Vamos, que lo mío no es arte, sólo amor a él.
Y como todo gran mediocre, salté entre narración y poesía, con eso del “no he definido mi estilo”, cuando la verdad era que no tenía nada que ofrecer. Como todo escritor insignificante, hice lo que tenía que hacer: el muy agradable esfuerzo de vivir entre poetas de bar mientras descubría que sólo hay un poeta mejor que el de bar, el poeta que lo es sin saberlo.
Y no lo entendí hasta bastante después de haber gastado mucho tiempo leyendo cosas tan absurdas y mediocres como las que yo escribo.
Una mañana de sábado, o una tarde de miércoles, descubrí, casi por casualidad, que mi madre tenía una de esas libretitas forradas en cuero con sus iniciales grabadas. Otra mañana de lunes, o noche de jueves, encontré en una gaveta un papel algo arrugado que olía a arte y rezaba una oda al café que hasta al menos amante del oro colombiano hubiera hecho estremecerse. Era poesía de bar, me dije, y fui tan incondicional de sus versos callados como lo es cualquier adicto de su copa.
Espero que no me descubra, pero yo también quiero una libretita de cuero, aunque nunca me atreva a escribir en ella porque están vedadas a los mediocres. ¿Sabéis? Me gustaría tener uno de esos cuadernos, para mirarlo y decir “yo podía haber sido” o quizá, para no perder la esperanza que tengo puesta en algún futuro de madurez, sobre todo, literaria. ¿Sabéis? No les odio, les envidio. Y esta noche, me gustaría pensar que ha sido un placer hablaros y que me escuchéis aunque la realidad sea otra. Gracias por vuestro tiempo y quizá vuelva algún día y quizá sea mejor. Buenas noches.
Eso dije. Vamos, que me acerqué a la tarima en noche de micro abierto y les puse como un chanco, pero nadie me interrumpió. Yo estaba pensando que además de abucheos podría haberme llevado una cachetada de la camarera, que desde la barra desorbitaba los ojos con cada una de mis sílabas, pero no fue así.
-La casa invita.
Tres piedras de hielo salpicaron de ron la barra, y bebí de un trago. Mientras, me ofrecía un cigarrillo al que no me supe negar, a pesar de no tener por hábito el tabaco.
-Siéntate en la mesa del fondo y ya serás totalmente el poeta que tanto odias.
-Excepto por los buenos versos –le dije.
Y en una servilleta escribí:
“Aunque hablábamos de vez en cuando, fue la segunda vez que se dirigió a mí aquella noche cuando de verdad escuché su voz. Tenía un tono de esos que desgarran. Uno de esos que aunque digan alegría, sabe a tristeza, a cristales pisados, a ceniza. Y su voz combina con sus ojos negros, abismo en el que más de una vez quise perderme. Fue la segunda vez que habló aquella noche cuando, casi por necesidad, me atreví a besarla.”
Pero taché las cuatro últimas palabras porque me sabía incapaz.
-Buenas noches –fue todo lo que la valentía que me quedaba aquel día me permitió decirle cuando me di cuenta de que el cigarrillo que fumaba se había acabado.
Y ella, que estaba acostumbrada a rescatar grandes versos de entre lo que sus clientes tiraban, había sido más rápida, antes de que yo pudiera impedirlo, tenía entre las manos la servilleta. Sus ojos traviesos tratando de descifrar mi mala caligrafía y sus labios esbozando una sonrisa fugaz justo antes de acercarse y dejar que la besara, son mi mejor recuerdo hasta el día de hoy.
A primera vista, parece un bonito y acogedor pub de pueblo, pero después de las 11, justo cuando empiezan a servir alcohol, se transforma en un punto de encuentro, un hervidero de bohemios. Se juntan, por ejemplo, el segundo martes de cada mes, y charlan banalidades que consideran casi profundas, hasta bien entrada la noche o hasta bien entrada la botella. El resto de los días, se sientan en mesas apartadas con sus libretitas forradas en cuero y algún algo, que no tiene por qué ser tabaco, encendido. Mientras, al que les pregunta, le dicen “Mis mejores versos los escribí en este café” y aseguran que no entienden cómo ni por qué pero que allí está la inspiración, entre humo y a media luz.
Mis mejores versos los escribí en este café…y eso de la inspiración.
Juro por la sacratísima poesía que no les entiendo. Hablan de las musas como prostituyéndolas y ellas hasta están orgullosas.
Van como dioses de la retórica con sus frases para el recuerdo que, algunas otras divinidades sentadas en la misma mesa muchos años después, escribirán en sus biografías post mortem. Y luego está esto, la costumbre del micro abierto: te dejan subir a una pequeña tarima al fondo del local, para que leas lo que tú escribes. Cómo pueden ser tan cínicos.
No sé si os lo he dicho, pero odio a los poetas de bar, a los buenos poetas. Esos que, sin quererlo, ponen en evidencia al mediocre con sus versos de agenda.
Sí, nada de bonitas libretas con forros artísticos. Es en mi agenda dónde están las claves de la mediocridad. Allí escribí anodinos versos de esos que se quedaron en un par de palabras sueltas y perdidas por no encontrar buenos compañeros, no sé si me explico. Quiero decir que a veces escribí cosas como “Hoy es un día de esos, de remendar el alma con jirones de otras vidas, / de no saber quién eres: día de rasgar la capa y hacer el sayo” o “Soy de esa gente alegremente obstinada, y olvidada –sin remedio- en la rutina: me levanto, voy, vengo y me acuesto; nada más”, hasta llegué a decir: “Y yo que no sé escribir poesía, / a la poesía le escribo” justificándome con eso del verso libre, cuando en realidad, todo lo que quería era ser un puñetero poeta de bar, un poeta borracho. Un poeta perdido entre las líneas de su propio arte cualquier viernes a las tres de la mañana, o, simplemente, poder ondear como bandera la bohemia.
¿Sabéis lo que os digo no? Vamos, que lo mío no es arte, sólo amor a él.
Y como todo gran mediocre, salté entre narración y poesía, con eso del “no he definido mi estilo”, cuando la verdad era que no tenía nada que ofrecer. Como todo escritor insignificante, hice lo que tenía que hacer: el muy agradable esfuerzo de vivir entre poetas de bar mientras descubría que sólo hay un poeta mejor que el de bar, el poeta que lo es sin saberlo.
Y no lo entendí hasta bastante después de haber gastado mucho tiempo leyendo cosas tan absurdas y mediocres como las que yo escribo.
Una mañana de sábado, o una tarde de miércoles, descubrí, casi por casualidad, que mi madre tenía una de esas libretitas forradas en cuero con sus iniciales grabadas. Otra mañana de lunes, o noche de jueves, encontré en una gaveta un papel algo arrugado que olía a arte y rezaba una oda al café que hasta al menos amante del oro colombiano hubiera hecho estremecerse. Era poesía de bar, me dije, y fui tan incondicional de sus versos callados como lo es cualquier adicto de su copa.
Espero que no me descubra, pero yo también quiero una libretita de cuero, aunque nunca me atreva a escribir en ella porque están vedadas a los mediocres. ¿Sabéis? Me gustaría tener uno de esos cuadernos, para mirarlo y decir “yo podía haber sido” o quizá, para no perder la esperanza que tengo puesta en algún futuro de madurez, sobre todo, literaria. ¿Sabéis? No les odio, les envidio. Y esta noche, me gustaría pensar que ha sido un placer hablaros y que me escuchéis aunque la realidad sea otra. Gracias por vuestro tiempo y quizá vuelva algún día y quizá sea mejor. Buenas noches.
Eso dije. Vamos, que me acerqué a la tarima en noche de micro abierto y les puse como un chanco, pero nadie me interrumpió. Yo estaba pensando que además de abucheos podría haberme llevado una cachetada de la camarera, que desde la barra desorbitaba los ojos con cada una de mis sílabas, pero no fue así.
-La casa invita.
Tres piedras de hielo salpicaron de ron la barra, y bebí de un trago. Mientras, me ofrecía un cigarrillo al que no me supe negar, a pesar de no tener por hábito el tabaco.
-Siéntate en la mesa del fondo y ya serás totalmente el poeta que tanto odias.
-Excepto por los buenos versos –le dije.
Y en una servilleta escribí:
“Aunque hablábamos de vez en cuando, fue la segunda vez que se dirigió a mí aquella noche cuando de verdad escuché su voz. Tenía un tono de esos que desgarran. Uno de esos que aunque digan alegría, sabe a tristeza, a cristales pisados, a ceniza. Y su voz combina con sus ojos negros, abismo en el que más de una vez quise perderme. Fue la segunda vez que habló aquella noche cuando, casi por necesidad, me atreví a besarla.”
Pero taché las cuatro últimas palabras porque me sabía incapaz.
-Buenas noches –fue todo lo que la valentía que me quedaba aquel día me permitió decirle cuando me di cuenta de que el cigarrillo que fumaba se había acabado.
Y ella, que estaba acostumbrada a rescatar grandes versos de entre lo que sus clientes tiraban, había sido más rápida, antes de que yo pudiera impedirlo, tenía entre las manos la servilleta. Sus ojos traviesos tratando de descifrar mi mala caligrafía y sus labios esbozando una sonrisa fugaz justo antes de acercarse y dejar que la besara, son mi mejor recuerdo hasta el día de hoy.
lunes, 23 de abril de 2012
Buenas...intenciones.
Queríamos ser...de esas parejas de foto, con fondos de película y camisas a cuadros, queríamos enamorarnos por casualidad. Yo, en lo idílico, te tiraba puntas inocentes, esperando que no las notaras, tú, casi indiferente, te alejabas de la cámara.
Pero queríamos ser.
Yo, grité algunas noches tu nombre, sólo porque sabía que no ibas a oírme. De ti muchas veces no supe nada. Aunque seguro que queríamos ser. Y nos disfrazamos tantas veces de perfectos, que hasta yo me lo creí. Queríamos ser la envidia del que alguna vez pensó que los libros con final feliz eran mentira escribiendo el nuestro, con mis palabras y tus gestos. Ir despacio, y engañar al destino. Despistar al fracaso en cada curva, ser inmunes a toda esa maraña del mundo exterior.
Queríamos ser, y hacer, algo bueno después de las dos. Aunque parezca imposible.
Yo, quería amanecer noches salteadas en tu cama.
Tú, te resistías a dejarme entrar.
Y, por tratar de ser lo que no somos, no fuimos lo que queríamos ser.
Queríamos ser, los que sonríen al final de las canciones tristes con esa seguridad estúpida del saber que 'no nos va a pasar'. Eso queríamos ser.
Yo sólo pensaba en eclipsarte un poquito a golpe de sonrisas, escribirte en un diario que no llevo, leerte cartas que jamás pasé a limpio, y en ser lo primero que quisieras ver al abrir los ojos, caerme en el abismo de tu mirada y no salir jamás.
Tú apretaste los párpados para olvidarme.
Y no fuimos, porque no estábamos siendo, porque no queríamos ser nada más que en apariencia.
Pero queríamos ser.
Yo, grité algunas noches tu nombre, sólo porque sabía que no ibas a oírme. De ti muchas veces no supe nada. Aunque seguro que queríamos ser. Y nos disfrazamos tantas veces de perfectos, que hasta yo me lo creí. Queríamos ser la envidia del que alguna vez pensó que los libros con final feliz eran mentira escribiendo el nuestro, con mis palabras y tus gestos. Ir despacio, y engañar al destino. Despistar al fracaso en cada curva, ser inmunes a toda esa maraña del mundo exterior.
Queríamos ser, y hacer, algo bueno después de las dos. Aunque parezca imposible.
Yo, quería amanecer noches salteadas en tu cama.
Tú, te resistías a dejarme entrar.
Y, por tratar de ser lo que no somos, no fuimos lo que queríamos ser.
Queríamos ser, los que sonríen al final de las canciones tristes con esa seguridad estúpida del saber que 'no nos va a pasar'. Eso queríamos ser.
Yo sólo pensaba en eclipsarte un poquito a golpe de sonrisas, escribirte en un diario que no llevo, leerte cartas que jamás pasé a limpio, y en ser lo primero que quisieras ver al abrir los ojos, caerme en el abismo de tu mirada y no salir jamás.
Tú apretaste los párpados para olvidarme.
Y no fuimos, porque no estábamos siendo, porque no queríamos ser nada más que en apariencia.
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