martes, 1 de diciembre de 2015
Ojalá algún día.
perder la maldita manía de buscar tus ojos en otro,
olvidar que he vuelto a creer por ti y también era mentira.
Que deje de ser noviembre
que no sea septiembre nunca más,
ni abril, ni once de junio.
Quiero que se calle Andrés,
que no me guste Vetusta,
que ninguna canción vuelva a hablarme de ti.
Ojalá pudiera olvidar que te he conocido,
que hemos sido,
ojalá sintieras la patada en el culo que te mereces:
ojalá te doliera algo,
ojalá fueras alguien,
ojalá no me dieras tanto asco.
Ojalá no me odiara por haberte querido.
Ojalá esto fuera rencor
y no sintiera ganas de vomitar cada vez que te recuerdo en mi cama.
Ojalá no fuera más escéptica que nunca,
ojalá no me hubieras hecho reforzar las murallas,
ojalá no le fuera a costar tanto al bueno por culpa tuya.
Ojalá no quisiera gritarte
y a la vez no volver a verte.
Quiero que te vayas pidiendo perdón,
que reces al Dios en el que no crees
y hasta al karma para que no te la devuelva.
Que tengas miedo a que te pase,
a que sean contigo la mierda que llevas dentro.
Ojalá tengas miedo a creer
y te claven todos los cuchillos que me estoy sacando,
ojalá vivas pensando que será mentira
como yo después de ti.
Quiero que te vayas
y te dé vergüenza pensar en volver.
Que sientas cómo te pasa tu propio veneno
por cada puta arteria
y te ahogue.
Quiero que te mates tú.
Y que aún estés a tiempo de rectificar.
Ojalá algún día te mires por dentro
y deje de estar vacío.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Cuando hablo de ti conmigo.
Evito repetir en voz alta que soy capaz de ver diez o doce capítulos de Mentes Criminales seguidos. Que de algunos incluso me sé los diálogos. Supongo que más de un psicólogo que no me caería demasiado bien decretaría alguna psicopatía al instante.
Quizá tuviera razón.
Hay días que me doy al drama.
¿Si estoy demasiado triste como para que la palabra triste sea suficiente cómo se llama?
Creo que los parámetros subjetivos como 'triste', 'contenta', 'melancólica' o 'feliz' son absurdamente necesarios e insuficientes.
Yo he sido tan feliz como para que 'feliz' me pareciera una palabra infinitesimal.
Y hoy me siento tan jodida como para que 'triste' me parezca un estado placentero de difícil acceso.
¿Si no existe ninguna medida para el amor, si hay que 'amar sin medida', cómo cuantificas la hostia del fin de trayecto?
Todo el romanticismo poético al que me ha sometido mi carnet de la biblioteca me está obligando a aferrarme a las ruinas de lo que he sido, a los golpes que me han dado.
Descargo mi rabia conmigo y soy más optimista si no se lo cuento a nadie.
Quiero decir, ¿aspirar sólo a la paz es rendirse?
¿Has perdido si no quieres seguir en guerra?
Imagínate que salimos de esta crisálida masoquista y es verano aquí.
Para siempre.
Imagínate que tenemos que elegir el mejor entre nuestros momentos y, para mí, es cuando te vi marchar.
Y decidí quedarme quieta.
¿Se puede estar triste por querer ser feliz (sin ti)?
La culpabilidad es un arma de doble filo:
no estás vivo si no la sientes,
no puedes vivir si lo haces.
Quizá no esté tan triste si abro esta botella de vino.
Y luego otra.
Quizá ya sea verano aquí
y sólo tengo que abrir las ventanas.
viernes, 13 de noviembre de 2015
El día que dejamos de querernos.
He dejado de ver con el derecho y de oír con el izquierdo pero no es suficiente.
Necesito apagar la televisión, la radio, el ordenador y quemar el periódico para seguir creyendo en la humanidad, necesito creernos incapaces de hacerlo tan mal, necesito pensar que no hemos sido nosotros o que alguien me preste sus manos, que alguien me aguante el pelo mientras vomito todo el asco que me estamos dando.
Aprendimos a convertirlo todo, desarrollamos tecnologías increíbles, nos empeñamos en conocer cada átomo que nos dio el Universo, sus leyes, en comprender el funcionamiento, en controlarlo, lo logramos y ¿qué hicimos? Armas. Bombas. Mierda.
Lo tenemos todo para salvarnos y-nos-es-ta-mos-ma-tan-do.
Necesito apagar la televisión, la radio, el ordenador y quemar el periódico para seguir creyendo en la humanidad.
Pero no puedo.
No puedo darle con la puerta en la narices a los que no tienen la culpa, no puedo ser de los que no dicen nada, creo que no decir nada es igual que decir sí y yo estoy gritando NO.
No somos el mundo en el que creo. No somos las personas que me representan, no somos personas.
Preferiría no saber que tenemos la capacidad de dirigir un misil o de dejarlo oxidar en un garaje y elegimos orientarlo a las coordenadas mortales exactas. Preferiría no saber que los seguimos construyendo. Pero lo sé. Preferiría que fuera mentira. Y estoy gritando NO.
No está muriendo gente, nos-es-ta-mos-ma-tan-do.
Necesito cerrar los ojos y taparme los oídos, necesito creer que somos una puta pesadilla, necesito que nadie acepte esta mierda que rechazo y todos gritemos NO. Que nadie se atreva a susurrar sí. Que no sea verdad que hemos dejado de querernos.
Necesito que gritemos NO tan fuerte que despertemos el cerebro de los que no lo están utilizando. Que les lata algo en el pecho y también griten no.
Necesito que este sea el día que volvimos a querernos y arreglemos todos los corazones, huesos y familias que hemos roto desde el día que dejamos de querernos.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Entropía
Mi psiquiatra dice que todo el mundo sobrevive a una ruptura.
La próxima vez que me manche la camisa con helado me reiré muy alto y diré que soy feliz.
He vuelto a soñar contigo siendo nosotros y al despertarme casi había olvidado que eres idiota.
La ausencia de pesadillas significa que te estoy olvidando. Lo escribo para no olvidarlo.
Según mi planning emocional no me tocará echarte de menos hasta la próxima luna creciente.
Y pienso cortarme el pelo para enfadarte aunque no te enteres.
Creo que estoy conociendo a alguien. Pero en realidad aún no me conozco a mí misma.
Quizá la solución al vacío sea dejar de intentar llenarlo.
Andrés no me ayuda y te juro que no vuelvo a ir a un concierto de Funambulista.
Te estoy escribiendo cosas inconexas para que quede claro que quiero romper nuestros lazos.
Soga al cuello incluida.
He guardado tus cosas en una cajita con el nombre de otro porque yo también puedo serte infiel.
Te he dejado hacerme cosquillas mientras pensaba en qué cintura habrías tenido las manos antes.
Creo firmemente en que todos tus motivos para creer eran chantajes emocionales al más sucio estilo kamikaze.
lunes, 17 de agosto de 2015
Querido vigésimo año de la vida que aún me queda,
No sé si me creo del todo que ya te vayas.
Que llegaste con la reconciliación de mi vida y me pareció que era imposible que no fueses mucho mejor que todos los anteriores, que al final has acabado no siéndolo y en bronca, pero que aún así tengo muchas cosas que agradecerte.
Ya sabes, todos los que han llegado para quedarse, los que han pasado sin pena ni gloria, el beso aquel a todo llorar, el primero en el portal y aquel otro que casi me cuesta la vida en la autopista, la declaración de amor y guerra tiritando a las 22:04 de un día de marzo. Las ciento veintisiete películas durante las que me he dejado dormir (una de ellas en el cine). Las cuarenta y dos noches que me han tapado por dejarme dormir en el sofá. Todos los días que han esperado a que me maquillara cuando se suponía -y debería haber sido así- que ya estaba preparada (los 'pero que es tarde'). Todos los vídeos de niños de internet y en los que me mencionan mis amigas por las ganas de reírnos de nosotras más que de nadie. Las veces que me han cogido la mano sólo para besarla yendo de copiloto. Los 'una más y nos vamos' que son de mentira. Te debo cada vez que Inés me ha dicho lo pesadísima que soy como hermana y la sonrisa que le sigue siempre (menos mal que tengo la suerte de ser la hermana más pesada del mundo). Gracias por los abrazos tontos sin venir a cuento que arreglaron los días aún más idiotas. Por las ojeras hasta la barbilla cuando la biblioteca era casa. Por las resacas infinitas de después de noches apoteósicas, por las veces en las que salió el sol y yo aún no había vuelto a casa. Por las gracias y desgracias. Porque mira, que he sido feliz y que me has costado a veces un riñón y tres úlceras y ganas de mandarlo todo a la mierda pero también de comerme el mundo.
Gracias por H o por U, por S y por B, porque este haya sido otro año en el que no me saco el carnet ni me preocupe, porque se acabe y me queden ganas de recordarlo, porque me besó la muerte una vez y la segunda que quiso le mordí la mano y le dije que no, que más tarde, porque ganamos la batalla. Por seguir en la guerra. Por tener quien recoja los pedazos del naufragio, por las manos que frenan siempre la caída.
Gracias, porque puedo contarte aleatoriamente y sonrío hasta en lo malo, por lo que debería haber sido y no fue, por los errores, los tropiezos y por lo bueno, sobre todo por lo bueno -gracias por hacerme inmortal poniendo mi nombre en la portada de un libro-
Y muchísimas gracias, gracias de verdad, por irte de una vez.
PD: Te quiero, de verdad que te quiero.
martes, 9 de junio de 2015
Shuriken.
jueves, 4 de junio de 2015
Charles was wrong.
Ni eres el número uno, ni hemos parado de contar en el segundo. Mira, vamos a plantearlo de esta manera, antes de ti todo eran números ordinales y ahora no me hace falta contar. No apareciste antes que nadie, no tienes las tijeras que cortaron la cinta inaugural de mi vida, pero qué más da. Si después de ti no habrá otro al que llamar definitivo, si eres el desenlace de todos mis nudos de garganta, si ahora tengo el estómago en un puño porque el corazón me late en tu pecho. No voy a borrar las listas que nunca escribí, ni mucho menos a arrancar las páginas de tropiezos que me han traído hasta aquí, hasta ti. Mira, vamos a contar la historia en la que a nadie le importa cómo de largas sean las colas, en la que los números sean sólo dibujos para adornar camisetas y anotaciones a pie de letra para los libros de química. Qué sabrán los matemáticos si creen que es mejor ser primero que último. Qué tendrán los relojes en contra de llegar tarde si es para quedarse. Qué van a decir los poetas que están hasta los carrillos de que los dejen, de dejar, de dejarse y quejarse, de ser víctima y verdugo con tal de rimar amor y adiós y otras tonterías que suenan bonitas pero vacías. Yo he aprendido que cuando las manos encajan sin querer no hay hueco que valga y todo suena a quererlo todo, a querer más.
No eres la primera vez que me sonrojo y otros me han visto llorar antes que tú, ya había abrazado como para no querer soltar, ya había querido como para romperme el corazón, te juro que no vas a ser el primero que me saque a bailar, que ya he mordido a otros. Pero a quién le importa si cuando nos chocan las costillas me parece que todo ha sido para esto, para encontrar mi sitio con el hueso de tu clavícula rozándome las pestañas.
A quién le importa lo que hubo antes, si vas a ser lo que habrá siempre.
jueves, 28 de mayo de 2015
Cinematográficamente imperfectos.
Como en El día de la boda, cuando Nick le dice a Kat que prefiere discutir con ella antes que hacer el amor con otra. Como cuando Harry encuentra a Sally por enésima vez y para siempre. Como cuando Julien y Sophie entienden que nadie más es capaz de hacer lo que les hace el otro. Como tú y yo después de la última mentira.
Siempre es un beso que lo cambia todo aunque sea absolutamente igual a los anteriores.
El beso promesa,
el beso latido.
Yo recuerdo no creer en esas cursiladas, renegar estrepitosamente de los gestos, del Big Bang, mi lógica matemática, exacta, científica y absurda me decía que las grandes cosas debían construirse poco a poco, desde abajo, sentando las bases y a fuerza de arquitectura.
Pero llegaste tú.
Llegaste tú, gato de azoteas, de balcones, de buhardillas, de ventanas con vistas al infinito y dejaron de importarme las puertas, las calles, las entradas, las salidas, los sótanos, las leyes de la física y toda termodinámica que no implique arder contigo.
Tú con tu beso promesa,
tu beso latido.
Aquella vez a las tantas o más, después de cinco cervezas o más, veintisiete besos o más, aquella vez que tampoco pasó nada pero pasó todo, sólo silencio, sólo tus manos en mi cara, sólo esa mirada como de estar viendo un milagro, sólo tu boca en mis comisuras:
el beso promesa,
el beso latido.
Y fue el punto exacto, la inflexión entre el infierno que nos estábamos haciendo y el cielo al que nos mudamos, puse el corazón sobre la mesa, las balas en tu bolsillo, la pistola en tus manos y la certeza de que no ibas a usarla se convirtió en sonrisa perenne. Desaparecieron los miedos, las dudas, las ganas de salir corriendo, no hubo nada -nadie- más, ni quise nada -ni nadie- más.
Tú no eres Nick, ni Harry, ni Julien,
eres el mejor desastre que me ha besado en la vida
yo no soy Kat, ni Sally, ni Sophie,
y antes de ti, ni siquiera sabía latir.
sábado, 23 de mayo de 2015
Valar Morghulis
de no creerme que te has ido
de escribir que te has ido y leerlo en voz alta,
cansada de que me miren con curiosidad
de que me feliciten,
de que me digan que duelo bonito
cuando nunca he tenido la más mínima intención de doler
estoy harta de gritar que estoy jodida
y de que lo llamen poesía,
de decir que no vuelvo a escribirte
y de escribirte que no vuelvas
estoy cansada de quererte,
de dejarte de querer
de no quererte,
de volverte a querer,
no aguanto más el ciclo
ni el ridículo círculo de lectura que he implantado en torno a ti.
No te lo mereces.
Ni yo merezco este vaivén emocional
latidos - taquicardia - parada - reanimación
a la mierda el corazón y sus secuaces.
Estoy cansada de no saber qué querer
pero quererlo contigo a todas luces
e incluso habiéndolas apagado,
del Bic, del portátil, de las servilletas, de los posavasos,
de estar harta de escribir y seguir escribiendo,
de no poder escribir y querer estar escribiendo,
de las copas de más, los rotos, los descosidos,
de acercarme al filo de la navaja y pasar el dedo a ver si corta,
de que corte.
Estoy cansada de pasarme la vida de boca en boca,
de bar en bar, de cama en cama,
de coma y coma y sin saber dónde poner los puntos,
estoy harta de ti, de mí,
de nosotros y de mi maldita fijación con tus ojos negros.
Me muerde agosto y me duele diciembre.
No voy a decir 'se acabó',
no pienso repetir que te has ido,
sólo espero que esta vez
nadie , absolutamente nadie,
se atreva a decirme que es bonito.
lunes, 27 de abril de 2015
Ré-volver.
que los besos son sólo bocas,
tantos,
que me han bailado las dudas
con lo incierto de nosotros.
Tanto,
que he repetido 'volver'
cuando de sobra sé
que no me quedan últimas palabras.
Y me las muerdo en la boca
-aunque a veces a otro-
como para que no te des cuenta
pero te quede claro que tú
eres mi única verdad universal.
Qué cosa la ausencia,
qué cosas las calles.
Me ha parecido olerte
y ni siquiera llevaban tu perfume.
Me ha parecido escuchar tu voz
en un ruido del pasillo y
durante un momento
he tenido ganas de echarte de menos.
Se ha colado por la ventana una canción
y
aquí estoy, escribiéndote.
He recordado por suerte
-o por desgracia-
lo bonito de tu boca sonriéndome de cerca
y el miedo a que fuera la última vez
en todos y cada uno de los besos.
Aún ahora,
no acabo de creerme que hayamos sido
-tanto, tantos, tantas veces-
pero mucho
mucho menos
que hayamos dejado de ser.
sábado, 7 de febrero de 2015
Pasado, presente.
domingo, 11 de enero de 2015
Un último baile.
miércoles, 7 de enero de 2015
Nunca más tuya.
no he dejado de repetir tu nombre cuando sonrío por la calle,
no he olvidado el último te quiero,
no dejo de oír el último portazo,
no me he tomado ni un descanso de saber que dueles
y no me he resignado.
Pero no escribo, es cierto,
ya no te escribo,
porque ya no sé qué decirte,
no tengo qué, ni quiero decirte nada.
Y tampoco me apetece callarme,
me pesa el muro alrededor,
me aprietan los pulmones de respirar sin ti
y no quiero.
No quiero quererte más.
Ni dejar de quererte.
Ni volver a quererte.
Ni tener que olvidarte otra vez.
Ni creer que es el mundo lo que está en contra.
Ni creer que la culpa la tienen las circunstancias.
Ni creerte.
Tengo que dejar de mirar a otro lado cuando algo me recuerde a ti.
Tengo que buscar la manera de que todo deje de recordarme a ti.
Me cansa mirar a la nada y que incluso allí me vuelque el corazón tu perfume.
Pero he dejado de buscarte.
Ya no sé si es otoño, verano o primavera.
A veces tiemblo y es por ti.
Me sobreabrigo como nunca
y siempre hay alguien que dice no sé qué del cambio climático.
Todo este frío sabe a invierno y no es estacionario.
Esta vez no me he lanzado tras de ti:
mírame, también hace nosécuántostantos que no salgo a correr.
Y a veces me corro con otro.
Y juro que nunca pienso en ti hasta que se va.
Que a veces se va y ni me acuerdo.
No he dejado de dejarte y es la primera vez que no quiero volver.
No quiero que vuelvas.
Tengo que escribirte un libro.
Cerrarlo de un golpe.
Enviártelo por correo y escribir 'Nunca más tuya' como despedida.
Voy a borrar tus notas de mi agenda.
Juro olvidar aquel poema que me escribiste a mordidas.
Dejar de buscarle la rima.
Y decirle al capitán que no volveré a llamarle así.
Prometo dejar de cruzar los dedos al pasar por tu casa:
ya no quiero que nos crucemos y sonrías.
Ya no tengo excusa.
Ya he apagado el puto clavo ardiendo.
Ya aprendí que lo idílico dura un tiempo,
ahora sé por qué las películas acaban en el beso.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Carta abierta a una historia cerrada.
No recuerdo la última vez que lloré así, más de dolor que de triste, más de desahogo que de dolor. Lo cierto es que no me sentí mejor en absoluto. Me llamé estúpida y me sequé con la camiseta de Los Ramones. Hacía exactamente un año tú me estabas quitando esa puta camiseta, y ahora yo debía estar en un concierto de Extremoduro con él. Y todo fue un poco hostia emocional. Pero no. No estaba contigo ni con él, eh. Lo de siempre.
He vuelto a enviar mensajes de adolescente a las 4:31 de la mañana. Claro que no ha sido al hombre del que estoy enamorada, qué tontería. Ha sido a ti, que te echo de menos. Y he tomado la precaución cobarde de añadir que no contestaras.
Llevo todo el día escribiendo esto en mi cabeza y de veras esto no se parece en nada a lo que llevo todo el día escribiendo en mi cabeza. Pensé que sería más fácil escribir con Calamaro. He acabado poniendo Kings of Leon..tú sabes por qué.
Ojalá no importaran tanto las circunstancias como para escribirlas antes de empezar a escribir,
recuérdame que nunca más te diga que me recuerdes nada.
JODER CÓMO ME GUSTAN LOS IMPOSIBLES.
Ojalá volvamos a romper la cama,
a no tener frío en noviembre,
a llamarnos nada y gritarnos a la cara
que cuando alguno quiera más el otro saldrá corriendo
y sonará Vetusta Morla.
Ojalá te recorras la biblioteca buscándome
y me descubras con cara de estarte esperando,
desde mucho antes de saber que venías
y sonrías:
ojalá yo vuelva a odiarme por no controlar las ganas de besarte.
Ojalá nos peleemos en la calle por no sé qué tontería
y haya un coche azul
y una flor en el suelo
y yo me aprenda la matrícula
y tú digas que hace frío, que voy a enfermarme y bah..
Ojalá vuelva a ver Breaking Bad, pero nunca me dejes acabar una película.
Ojalá hacerte concesiones de honor y dormir contigo,
y oírte repitiendo que no darás tu brazo a torcer,
que tu cama, tus normas y yo tengo prohibido vestirme.
Ojalá me salte clases por correr a besarte,
pero te diga que he salido pronto para restarle importancia.
Joder, ojalá haberte querido mal, pero haberlo hecho.
Ojalá haber sido valientes y habernos jodido.
Ojalá Gran Vía nos obligue a tropezar, Sol a reconciliarnos,
ojalá pisar el kilómetro cero contigo: empezar de nuevo.
Ojalá no tener tantos buenos recuerdos tontos,
ojalá encontrarnos antes, o después, o en otro momento.
No nos voy a engañar, siguen siendo sus ojos negros,
yo nunca supe de qué color los tenía ella.
Ojalá no habernos cruzado en plena cruzada por nuestros imposibles.
Ojalá no saber a ciencia cierta
que pudo haber sido perfecto y no fue.
Ojalá sea esta la última vez que te escribo esperando que no me leas,
ojalá vuelvas a leerme porque es más fácil que decir que me has echado de menos
y ojalá te encuentre aún más borracho y lo confieses
sábado, 18 de octubre de 2014
Y tú.
No me gustan las pelis de miedo. Me dan eso, miedo.
Tardo menos de cinco minutos en dejarme dormir, diría que menos de un minuto, a veces es cuestión de segundos. Excepto cuando no puedo dormir en absoluto. Eso pasa poco, pero pasa. Y entonces alguien me trae una cerveza y no va tan mal.
Hay pocas cosas que una cerveza no pueda solucionar.
De hecho, no hay nada que un amigo y una cerveza no puedan solucionar.
Me cuesta menos levantarme pronto los domingos que los miércoles. Odio los martes más que los lunes.
Nunca sé dónde está el cepillo, no me suelo peinar. Para qué.
Tengo mil ochocientas veintisiete leyes inamovibles. El 93% son supersticiones tontas.
Creo que es mejor bromear sobre las cosas serias, creo que es infinitamente mejor no tomarse nada en serio. Y la música de los 80.
Sólo bebo Coca-Cola Light.
Me gusta el amarillo.
Y tú.



