jueves, 12 de noviembre de 2015

Entropía

Estoy aprendiendo a ver mi película favorita sin desear que vuelvas en cada fotograma.
Mi psiquiatra dice que todo el mundo sobrevive a una ruptura.
La próxima vez que me manche la camisa con helado me reiré muy alto y diré que soy feliz.
He vuelto a soñar contigo siendo nosotros y al despertarme casi había olvidado que eres idiota.
La ausencia de pesadillas significa que te estoy olvidando. Lo escribo para no olvidarlo.

Según mi planning emocional no me tocará echarte de menos hasta la próxima luna creciente.
Y pienso cortarme el pelo para enfadarte aunque no te enteres.

Creo que estoy conociendo a alguien. Pero en realidad aún no me conozco a mí misma.
Quizá la solución al vacío sea dejar de intentar llenarlo.
Andrés no me ayuda y te juro que no vuelvo a ir a un concierto de Funambulista.
Te estoy escribiendo cosas inconexas para que quede claro que quiero romper nuestros lazos.
Soga al cuello incluida.

He guardado tus cosas en una cajita con el nombre de otro porque yo también puedo serte infiel.
Te he dejado hacerme cosquillas mientras pensaba en qué cintura habrías tenido las manos antes.

Creo firmemente en que todos tus motivos para creer eran chantajes emocionales al más sucio estilo kamikaze.
Como si elegir no morir por ti hubiera sido una blasfemia:
-Si no sangras no me has querido, decías.

Esta vez no pienso pensar en si sigues leyendo lo que escribo para que no leas, porque esta vez de verdad lo escribo para que no leas.
Maquiavélico ha empezado a parecerme una canción cruel y ya no veo nada romántico en odiar nuestros sitios especiales.
Me parece que estoy más guapa sin ti y ya no necesito que nadie me lo diga.

Sonrío más conmigo.
Esto sólo es la excepción que confirma que he abandonado mi manía de hacer listas para todo.
Esto es todo.

lunes, 17 de agosto de 2015

Querido vigésimo año de la vida que aún me queda,

has durado lo mismo que la petaca de ron que celebró a chupitos que hubieras llegado, apenas nada. Parece que fue ayer, que aún me raspa la garganta de beber caliente y oigo las risas que brindaban por ti. Que ha sido un placer recibirte, conocerte, besarte, tenerte, quererte, odiarte, reconciliarnos, volver a odiarte, volver a quererte, hacer casi eterno el ciclo y ahora despedirme.
No sé si me creo del todo que ya te vayas.
Que llegaste con la reconciliación de mi vida y me pareció que era imposible que no fueses mucho mejor que todos los anteriores, que al final has acabado no siéndolo y en bronca, pero que aún así tengo muchas cosas que agradecerte.

Ya sabes, todos los que han llegado para quedarse, los que han pasado sin pena ni gloria, el beso aquel a todo llorar, el primero en el portal y aquel otro que casi me cuesta la vida en la autopista, la declaración de amor y guerra tiritando a las 22:04 de un día de marzo. Las ciento veintisiete películas durante las que me he dejado dormir (una de ellas en el cine). Las cuarenta y dos noches que me han tapado por dejarme dormir en el sofá. Todos los días que han esperado a que me maquillara cuando se suponía -y debería haber sido así- que ya estaba preparada (los 'pero que es tarde'). Todos los vídeos de niños de internet y en los que me mencionan mis amigas por las ganas de reírnos de nosotras más que de nadie. Las veces que me han cogido la mano sólo para besarla yendo de copiloto. Los 'una más y nos vamos' que son de mentira. Te debo cada vez que Inés me ha dicho lo pesadísima que soy como hermana y la sonrisa que le sigue siempre (menos mal que tengo la suerte de ser la hermana más pesada del mundo). Gracias por los abrazos tontos sin venir a cuento que arreglaron los días aún más idiotas. Por las ojeras hasta la barbilla cuando la biblioteca era casa. Por las resacas infinitas de después de noches apoteósicas, por las veces en las que salió el sol y yo aún no había vuelto a casa. Por las gracias y desgracias. Porque mira, que he sido feliz y que me has costado a veces un riñón y tres úlceras y ganas de mandarlo todo a la mierda pero también de comerme el mundo.

Gracias por H o por U, por S y por B, porque este haya sido otro año en el que no me saco el carnet ni me preocupe, porque se acabe y me queden ganas de recordarlo, porque me besó la muerte una vez y la segunda que quiso le mordí la mano y le dije que no, que más tarde, porque ganamos la batalla. Por seguir en la guerra. Por tener quien recoja los pedazos del naufragio, por las manos que frenan siempre la caída.

Gracias, porque puedo contarte aleatoriamente y sonrío hasta en lo malo, por lo que debería haber sido y no fue, por los errores, los tropiezos y por lo bueno, sobre todo por lo bueno -gracias por hacerme inmortal poniendo mi nombre en la portada de un libro-
Y muchísimas gracias, gracias de verdad, por irte de una vez.


PD: Te quiero, de verdad que te quiero.

martes, 9 de junio de 2015

Shuriken.



Ha venido a recordarme que nunca seré de otro
aunque tampoco vuelva a ser suya,
y le escucho fumando
con las piernas cruzadas y cara de póker
sentada en el bordillo de la cama.

-Entiendo- digo de vez en cuando.

Y me mantengo firme,
inescrutable, inexpresiva.

-Que tú nunca serás de nadie, que nos deberemos siempre todo -me grita.
-Te equivocas -le sonrío.

Y ahora sonríe él. Que sabe que quien se equivoca soy yo.
Que vuelo libre y absurda
porque también lo sé,
porque veo la cuerda que se me enreda en el cuello
y me ahorca cuando a él se le encoge el corazón.

Y cruzo las piernas más fuerte y aprieto los dientes.
Y miro a otro lado y le tiro el humo en la cara:
-No soy la misma.

Y él sonríe otra vez.
Y me mata ocho veces y saborea cada letra:
-Te quiero.

Y vuelan las manos,
ya no noto la presión en el pecho,
el corazón me grita que va a estallar
y la fuerza gravitacional del suyo
hace que mis piernas se enreden con su cintura.

-Menos mal que eres la misma -vuelve a atacar.

Pero ya no me duele, ahora no pienso en mañana,
sé que se irá y aún así lo olvido
y juego a callarme, a callarle,
a no decirnos nada y besarnos todo.

Cierro los ojos para evitar su mirada contándome que ha estado en otras camas,
en otras manos, en otras vidas, en otros ojos.

-Siempre vuelves -saco el cuchillo.
-No te vayas nunca -se defiende.

Y bailamos con las mentiras, y brindamos en silencio:
por las cosas que sabemos,
por las que nunca nos diremos,
por conocernos hasta las mentiras,
por querernos hasta las miserias,
por esta borrachera que nos ha vuelto a juntar,
por el sol que no nos verá despedirnos.

Porque no hay despedidas, porque así es el trato,
porque volver es un verbo boomerang y una estrella ninja.

Y me despierta la luz pero no abro los ojos, le busco en la cama.
Otra vez nada, sonrío:
-Ya sabes dónde encontrarme.
Me vuelvo a dormir.

jueves, 4 de junio de 2015

Charles was wrong.

Le tengo cariño y devoción a Bukowski. Tanto, que cuando mi perro se escapa grito su nombre por la calle, tanto que cualquier día monto una cervecera y os lo acabáis bebiendo. Pero se equivocó. No te conoció, no tenía ni idea.



Ni eres el número uno, ni hemos parado de contar en el segundo. Mira, vamos a plantearlo de esta manera, antes de ti todo eran números ordinales y ahora no me hace falta contar. No apareciste antes que nadie, no tienes las tijeras que cortaron la cinta inaugural de mi vida, pero qué más da. Si después de ti no habrá otro al que llamar definitivo, si eres el desenlace de todos mis nudos de garganta, si ahora tengo el estómago en un puño porque el corazón me late en tu pecho. No voy a borrar las listas que nunca escribí, ni mucho menos a arrancar las páginas de tropiezos que me han traído hasta aquí, hasta ti. Mira, vamos a contar la historia en la que a nadie le importa cómo de largas sean las colas, en la que los números sean sólo dibujos para adornar camisetas y anotaciones a pie de letra para los libros de química. Qué sabrán los matemáticos si creen que es mejor ser primero que último. Qué tendrán los relojes en contra de llegar tarde si es para quedarse. Qué van a decir los poetas que están hasta los carrillos de que los dejen, de dejar, de dejarse y quejarse, de ser víctima y verdugo con tal de rimar amor y adiós y otras tonterías que suenan bonitas pero vacías. Yo he aprendido que cuando las manos encajan sin querer no hay hueco que valga y todo suena a quererlo todo, a querer más.

No eres la primera vez que me sonrojo y otros me han visto llorar antes que tú, ya había abrazado como para no querer soltar, ya había querido como para romperme el corazón, te juro que no vas a ser el primero que me saque a bailar, que ya he mordido a otros. Pero a quién le importa si cuando nos chocan las costillas me parece que todo ha sido para esto, para encontrar mi sitio con el hueso de tu clavícula rozándome las pestañas.

A quién le importa lo que hubo antes, si vas a ser lo que habrá siempre.

jueves, 28 de mayo de 2015

Cinematográficamente imperfectos.

Existe un punto exacto, metido en medio de la nada más absoluta, en el que los besos dejan de ser un juego, así sin más y empiezan a convertirse en besos. Pero de verdad. Hay un momento en el que besar empieza a ser morder el alma, subirse el vestido con los pantalones abrochados, sonreírle a la nada antes, después y durante el beso.

Como en El día de la boda, cuando Nick le dice a Kat que prefiere discutir con ella antes que hacer el amor con otra. Como cuando Harry encuentra a Sally por enésima vez y para siempre. Como cuando Julien y Sophie entienden que nadie más es capaz de hacer lo que les hace el otro. Como tú y yo después de la última mentira.

Siempre es un beso que lo cambia todo aunque sea absolutamente igual a los anteriores.
El beso promesa,
el beso latido.

Yo recuerdo no creer en esas cursiladas, renegar estrepitosamente de los gestos, del Big Bang, mi lógica matemática, exacta, científica y absurda me decía que las grandes cosas debían construirse poco a poco, desde abajo, sentando las bases y a fuerza de arquitectura.

Pero llegaste tú.

Llegaste tú, gato de azoteas, de balcones, de buhardillas, de ventanas con vistas al infinito y dejaron de importarme las puertas, las calles, las entradas, las salidas, los sótanos, las leyes de la física y toda termodinámica que no implique arder contigo.

Tú con tu beso promesa,
tu beso latido.

Aquella vez a las tantas o más, después de cinco cervezas o más, veintisiete besos o más, aquella vez que tampoco pasó nada pero pasó todo, sólo silencio, sólo tus manos en mi cara, sólo esa mirada como de estar viendo un milagro, sólo tu boca en mis comisuras:

el beso promesa,
el beso latido.

Y fue el punto exacto, la inflexión entre el infierno que nos estábamos haciendo y el cielo al que nos mudamos, puse el corazón sobre la mesa, las balas en tu bolsillo, la pistola en tus manos y la certeza de que no ibas a usarla se convirtió en sonrisa perenne. Desaparecieron los miedos, las dudas, las ganas de salir corriendo, no hubo nada -nadie- más, ni quise nada -ni nadie- más.

Tú no eres Nick, ni Harry, ni Julien,
eres el mejor desastre que me ha besado en la vida
yo no soy Kat, ni Sally, ni Sophie,
y antes de ti, ni siquiera sabía latir.

sábado, 23 de mayo de 2015

Valar Morghulis

Estoy cansada de decir que te has ido,
de no creerme que te has ido
de escribir que te has ido y leerlo en voz alta,

cansada de que me miren con curiosidad
de que me feliciten,
de que me digan que duelo bonito
cuando nunca he tenido la más mínima intención de doler

estoy harta de gritar que estoy jodida
y de que lo llamen poesía,
de decir que no vuelvo a escribirte
y de escribirte que no vuelvas

estoy cansada de quererte,
de dejarte de querer
de no quererte,
de volverte a querer,
no aguanto más el ciclo
ni el ridículo círculo de lectura que he implantado en torno a ti.

No te lo mereces.
Ni yo merezco este vaivén emocional
latidos - taquicardia - parada - reanimación
a la mierda el corazón y sus secuaces.

Estoy cansada de no saber qué querer
pero quererlo contigo a todas luces
e incluso habiéndolas apagado,

del Bic, del portátil, de las servilletas, de los posavasos,
de estar harta de escribir y seguir escribiendo,
de no poder escribir y querer estar escribiendo,

de las copas de más, los rotos, los descosidos,
de acercarme al filo de la navaja y pasar el dedo a ver si corta,
de que corte.

Estoy cansada de pasarme la vida de boca en boca,
de bar en bar, de cama en cama,
de coma y coma y sin saber dónde poner los puntos,

estoy harta de ti, de mí,
de nosotros y de mi maldita fijación con tus ojos negros.

Me muerde agosto y me duele diciembre.

No voy a decir 'se acabó',
no pienso repetir que te has ido,
sólo espero que esta vez
nadie , absolutamente nadie,
se atreva a decirme que es bonito.

lunes, 27 de abril de 2015

Ré-volver.

Hace demasiados corazones rotos
que los besos son sólo bocas,
                                   tantos,
que me han bailado las dudas
con lo incierto de nosotros.

                             Tanto,
que he repetido 'volver'
cuando de sobra sé
que no me quedan últimas palabras.

Y me las muerdo en la boca
-aunque a veces a otro-
como para que no te des cuenta
pero te quede claro que tú
eres mi única verdad universal.

Qué cosa la ausencia,
qué cosas las calles.

Me ha parecido olerte
y ni siquiera llevaban tu perfume.

Me ha parecido escuchar tu voz
en un ruido del pasillo y
                    durante un momento
he tenido ganas de echarte de menos.

Se ha colado por la ventana una canción
y
      aquí estoy, escribiéndote.

He recordado por suerte
          -o por desgracia-
lo bonito de tu boca sonriéndome de cerca
y el miedo a que fuera la última vez
           en todos y cada uno de los besos.

Aún ahora,
no acabo de creerme que hayamos sido
          -tanto, tantos, tantas veces-
pero mucho
                             mucho menos
que hayamos dejado de ser.

sábado, 7 de febrero de 2015

Pasado, presente.

Creo en la gente que se conoce tarde y le para los pies al tiempo, 
en los que hacen el segundo perfecto del momento incorrecto, 
en los que luchan contra todo por nada si pueden compartir su vacío. 

Creo en la nada, 
en que es todo. 

Y sé que tenerlo todo es menos que nada cuando falta alguien.




Aprendí a echar de menos mucho antes que a besar, aprendí a llorar antes que a reír, a hacer las cosas al revés sin saber cuál era el derecho de la camisa, a pedir perdón antes que a decidir si me arrepentía. Luego alguien me enseñó a besar, a reír hasta las lágrimas, y de ellas, alguien me dijo que hacer las cosas al revés sólo era mi manera de gritarle al mundo que se equivocaba, que mejor pedir perdón que quedarme con las ganas, desaprendí a arrepentirme.

Entonces empecé a vivir.

A creer.

Creí en mis imposibles y los hice realidad, creí en mí, en ti, en nosotros increíbles juntos y después mejor separados. Entendí que equivocarme, caerme, rectificar, pisarte los pies, dejarte ir, correr tras de ti y dar el portazo final me hizo quien soy. Que nunca querré haber sido sin ti aunque ya no sea contigo. Soy lo que hemos sido. Quiero a lo que hemos vivido, te he querido, te querré siempre aunque ya no te quiera. Es mejor ir contra todo que dejarse llevar por la corriente.

Mira, estas son mis heridas: las quiero.

Claro que sería mejor no aprender a golpes, respeto la burbuja emocional: pero la estallo.

Hemos ido juntos a contrarreloj, a contra viento, hemos nadado a contra ola, hemos bailado en silencio, hemos reído haciendo ruido, hemos gritado te quieros sin miedo a despertar a los vecinos. Y ya no somos, ya no seremos, pero hemos sido:

Gracias. Te quiero. Buena suerte. Adiós.

Gracias por enseñarme a creer, a aprender, por dejarme hacer perfecto lo incorrecto por ti, por hacerlo por mí, por querernos, por dejarnos, por nada, por todo, por siempre, por nunca, por lo que ya no va a ser, por lo que fue, por lo que será aunque no sea contigo, por quitarme el miedo, por romperme los muros, por ayudar a construirme sin ellos, por los recuerdos, por los descuidos que no quiero olvidar.

Adiós,
hasta nunca
hasta siempre.



domingo, 11 de enero de 2015

Un último baile.

Dijo que no sabía dejar,
que nunca olvidaba del todo
y empecé por él.
Supongo lleva tanto tiempo siendo mi palabra favorita
que veo pasar una certeza
y no sé si aferrarme a ella
o al miedo que me da equivocarme.

Dudar es tan sinónimo de desconfianza
que, aún cuando no sabía conjugarlo,
me olía a trampa
y dudé.

'Bailemos' es una preposición indecente, 
desde antes de la caída,
bajo los pisotones,
entre las ganas y el bucle,
hacia la cama,
sobre toda lógica,
tras el portazo,
para siempre
y aunque ahora sepamos rechazarla.

Nosotros es una mentira tan larga
que aún no he aprendido a terminarla
sin acordarme de ti
al menos en siete letras.

Volver es una pesadilla recurrente,
gritar despedidas un hobby macabro,
decir 'ya no vuelvo a dejarte' un eufemismo:
sólo porque esta vez es para siempre.



miércoles, 7 de enero de 2015

Nunca más tuya.

Hace nosécuántostantos que no escribes.

No he dejado de recitarte versos mentales en cada cruce,
no he dejado de repetir tu nombre cuando sonrío por la calle,
no he olvidado el último te quiero,
no dejo de oír el último portazo,
no me he tomado ni un descanso de saber que dueles
y no me he resignado.

Pero no escribo, es cierto,
ya no te escribo,
porque ya no sé qué decirte,
no tengo qué, ni quiero decirte nada.

Y tampoco me apetece callarme,
me pesa el muro alrededor,
me aprietan los pulmones de respirar sin ti
y no quiero.

No quiero quererte más.
Ni dejar de quererte.
Ni volver a quererte.
Ni tener que olvidarte otra vez.
Ni creer que es el mundo lo que está en contra.
Ni creer que la culpa la tienen las circunstancias.

Ni creerte.

Tengo que dejar de mirar a otro lado cuando algo me recuerde a ti.
Tengo que buscar la manera de que todo deje de recordarme a ti.
Me cansa mirar a la nada y que incluso allí me vuelque el corazón tu perfume.

Pero he dejado de buscarte.

Ya no sé si es otoño, verano o primavera.
A veces tiemblo y es por ti.
Me sobreabrigo como nunca
y siempre hay alguien que dice no sé qué del cambio climático.
Todo este frío sabe a invierno y no es estacionario.

Esta vez no me he lanzado tras de ti:
mírame, también hace nosécuántostantos que no salgo a correr.
Y a veces me corro con otro.
Y juro que nunca pienso en ti hasta que se va.
Que a veces se va y ni me acuerdo.

No he dejado de dejarte y es la primera vez que no quiero volver.
No quiero que vuelvas.

Tengo que escribirte un libro.
Cerrarlo de un golpe.
Enviártelo por correo y escribir 'Nunca más tuya' como despedida.
Voy a borrar tus notas de mi agenda.
Juro olvidar aquel poema que me escribiste a mordidas.
Dejar de buscarle la rima.
Y decirle al capitán que no volveré a llamarle así.

Prometo dejar de cruzar los dedos al pasar por tu casa:
ya no quiero que nos crucemos y sonrías.

Ya no tengo excusa.
Ya he apagado el puto clavo ardiendo.
Ya aprendí que lo idílico dura un tiempo,
ahora sé por qué las películas acaban en el beso.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Carta abierta a una historia cerrada.

Anoche lloré porque lo necesitaba. Dos veces. Sola. Leyendo en la cama. Y lo cierto es que ninguno de los tres libros que esperaron conmigo a que volviera el sol tuvo la culpa. Aunque un poco sí. Maldita Valeria. Maldita Benavent. Me he sorprendido a mí misma llamándome estúpida por las esquinas. He recordado que la vida podía ser fácil y ya. Sin más. Que siempre me la complico por inconformista.

No recuerdo la última vez que lloré así, más de dolor que de triste, más de desahogo que de dolor. Lo cierto es que no me sentí mejor en absoluto. Me llamé estúpida y me sequé con la camiseta de Los Ramones. Hacía exactamente un año tú me estabas quitando esa puta camiseta, y ahora yo debía estar en un concierto de Extremoduro con él. Y todo fue un poco hostia emocional. Pero no. No estaba contigo ni con él, eh. Lo de siempre.

He vuelto a enviar mensajes de adolescente a las 4:31 de la mañana. Claro que no ha sido al hombre del que estoy enamorada, qué tontería. Ha sido a ti, que te echo de menos. Y he tomado la precaución cobarde de añadir que no contestaras.

Llevo todo el día escribiendo esto en mi cabeza y de veras esto no se parece en nada a lo que llevo todo el día escribiendo en mi cabeza. Pensé que sería más fácil escribir con Calamaro. He acabado poniendo Kings of Leon..tú sabes por qué.

Ojalá no importaran tanto las circunstancias como para escribirlas antes de empezar a escribir,
recuérdame que nunca más te diga que me recuerdes nada.

JODER CÓMO ME GUSTAN LOS IMPOSIBLES.

Ojalá volvamos a romper la cama,
a no tener frío en noviembre,
a llamarnos nada y gritarnos a la cara
que cuando alguno quiera más el otro saldrá corriendo
y sonará Vetusta Morla.

Ojalá te recorras la biblioteca buscándome
y me descubras con cara de estarte esperando,
desde mucho antes de saber que venías
y sonrías:

ojalá yo vuelva a odiarme por no controlar las ganas de besarte.

Ojalá nos peleemos en la calle por no sé qué tontería
y haya un coche azul
y una flor en el suelo
y yo me aprenda la matrícula
y tú digas que hace frío, que voy a enfermarme y bah..

Ojalá vuelva a ver Breaking Bad, pero nunca me dejes acabar una película.

Ojalá hacerte concesiones de honor y dormir contigo,
y oírte repitiendo que no darás tu brazo a torcer,
que tu cama, tus normas y yo tengo prohibido vestirme.

Ojalá me salte clases por correr a besarte,
pero te diga que he salido pronto para restarle importancia.

Joder, ojalá haberte querido mal, pero haberlo hecho.
Ojalá haber sido valientes y habernos jodido.

Ojalá Gran Vía nos obligue a tropezar, Sol a reconciliarnos,
ojalá pisar el kilómetro cero contigo: empezar de nuevo.

Ojalá no tener tantos buenos recuerdos tontos,
ojalá encontrarnos antes, o después, o en otro momento.

No nos voy a engañar, siguen siendo sus ojos negros,
yo nunca supe de qué color los tenía ella.
Ojalá no habernos cruzado en plena cruzada por nuestros imposibles.

Ojalá no saber a ciencia cierta
que pudo haber sido perfecto y no fue.

Ojalá sea esta la última vez que te escribo esperando que no me leas,
ojalá vuelvas a leerme porque es más fácil que decir que me has echado de menos
y ojalá te encuentre aún más borracho y lo confieses
diecisiete veces.

sábado, 18 de octubre de 2014

Y tú.

No me gustan las pelis de miedo. Me dan eso, miedo.

Tardo menos de cinco minutos en dejarme dormir, diría que menos de un minuto, a veces es cuestión de segundos. Excepto cuando no puedo dormir en absoluto. Eso pasa poco, pero pasa. Y entonces alguien me trae una cerveza y no va tan mal.
Hay pocas cosas que una cerveza no pueda solucionar.
De hecho, no hay nada que un amigo y una cerveza no puedan solucionar.

Me cuesta menos levantarme pronto los domingos que los miércoles. Odio los martes más que los lunes.

Nunca sé dónde está el cepillo, no me suelo peinar. Para qué.

Tengo mil ochocientas veintisiete leyes inamovibles. El 93% son supersticiones tontas.

Creo que es mejor bromear sobre las cosas serias, creo que es infinitamente mejor no tomarse nada en serio. Y la música de los 80.

Sólo bebo Coca-Cola Light.
Me gusta el amarillo.
Y tú.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Tanto no es tan-poco.

Ahora que ya no creo en el mañana,
que el ayer me parece mentira
y tú te me has desmontado en quimeras,

ahora que tiré los cuentos de no sé qué niña idiota
que no sabe en qué habitación de motel barato
perdió las ganas de vivir y la virginidad.

Ahora.

Después de que haya tropezado contra un acantilado
y ni con gafas te haya visto venir,

después de que no haya querido creer
porque ya te había querido.

Ahora,
que la última copa es una excusa para abrir otra botella,
cuando cada canción suena a despedida
y nadie tiene agallas para cerrar la puerta,

hago las maletas de guerras perdidas,
de derrotas por desertores,
de treguas en nombre de las heridas que siempre volvemos a abrir,
de desganas de cicatrizar:

ya me habían dicho que tanta valentía para saltar al vacío,
tanto baile entre precipicios sin necesitar empujón,
no podía ser nada más que cobardía.

No me quedan consejos que desoír,
ya he inventado la excusa definitiva,
ya he excusado el error absoluto.

Pero ahora,
que te veo irte y pido que te marches,
que dejo el corazón sobre la almohada
mientras la vida se me escapa escaleras abajo
corriendo una vez más tras de ti,

ahora, de veras, creo que no pierdo tanto.

Y sin ser tanto,
aún es más de lo que estoy dispuesta a perder.

lunes, 2 de junio de 2014

My one and only.

Siempre estarás entre la lluvia y el sol,
en el breve espacio entre latido y latido,
has estado y estarás en todos mis pasos:

cuando me vaya bien, cuando me caiga,
cuando me duela y no avance,
cuando me levante,
cuando sea consciente de que puedo caminar sin ti,
cuando reconozca que no quiero hacerlo.

Vas a ser la única constante en esta vida de caos.

Siempre estarás en las sonrisas que le dedico a la nada,
en las miradas perdidas con mordida automática,
has sido y serás todos mis instintos:

cuando despierto, cuando no puedo dormir,
cuando me muero de ganas de llamarte,
cuando me puede el orgullo,
cuando decido que debes hacerlo tú,
cuando entiendo que tanta tontería nos acabará matando.

Eres la única constante en esta vida de caos.

Incluso cuando no creo en los siempres,
cuando reniego de lo que escribo,
cuando río diciendo que casi no me acuerdo de ti,
cuando no escribo,
cuando me olvido de leerte,
cuando digo que sólo has sido suerte
y no siempre de la buena:

sigues siendo tú,
la única constante en esta vida de caos.

Cuando me miento,
cuando no acierto ni a encajar la llave en la cerradura,
cuando frustro el último intento de olvidarte,
cuando casi estoy a punto de enamorarme,
cuando no crea en las constantes y me haga la loca porque lo estoy,

seguirás siendo tú.

lunes, 19 de mayo de 2014

La primera palabra.

Te explicaré algo, ven.

Esta vez voy a ser breve.
Yo nunca soy breve, perdón.

Es que estaba paseando, o quizá muy quieta,
no sé:
el caso es que estaba pensando en ti,
lo de siempre.

Y es cierto que no estaba pensando nada,
pero tu sonrisa,
tus ocurrencias estúpidas después de las dos,
las manos con imán a mis latidos,
tus mil vueltas en la cama,
los malditos ojos negros..

te explico.

Hay cicatrices que me abro de vez en cuando para sentirme viva,
heridas de paz que no sangran porque no vienes
y me las abro solita al grito de:
'esta es mi incapacidad para olvidarte'

siempre sonrío,
me dueles, pero sonrío.

Te explico,
hay mujeres que se llaman Angustias,
Soledad o Dolores,
y sus nombres no son ni la mitad de tristes,

ni la mitad,
de la mitad,
de la mitad,

de lo que podrían serlo si te hubieran visto marchar.

Te explico,

he visto un niño perder su globo en el parque,
lo miraba como si nunca,
como si siempre..
sabiendo que no volvería, pero sin apartar la vista,
ni la esperanza.

Así fue cuando tú.

Y podría ponerle un final triste a todos los cuentos,
decir cómo jode cuando te marchas
y el vacío que supone acostumbrarse..

podría llamarme Soledad,
sin ti.

Pero, te explico..
la primera palabra que dije cuando nos fuimos,
cuando te fuiste,
cuando me fui,
cuando viniste y no estaba,
cuando vine y no estabas tú,
fue volver.

Y después de eso me he recorrido todos los parques,
he encontrado más de un globo que vuelve a casa.

He dormido con cualquiera,
y nadie baila en sueños como tú.

No sé si me entiendes,
te estoy hablando de que nos he elegido,
te he elegido.

Podrías ser lo más triste,
una de esas fotos desenfocadas y nostálgicas,
una canción por la que bajar el volumen de la radio..

pero tienes una pluma en el cuchillo,
y cada vez que me atacas acabo riendo.

Eres mi libro favorito,
porque nunca llego al final
y cada capítulo tiene un giro inesperado,
por los tachones sin faltas de ortografía,
por las borracheras sin brindar...

porque me pone que escribas,
cuando escribes,
como escribes.

Te explico,
yo siempre voy a renegar,
y tú te hartarás de jurar que no crees en esta mierda
pero volver es la primera palabra que diré cada vez que nos vayamos.

Incluso cuando sea yo quien hace las maletas,

te estaré queriendo.